No llueve eternamente

Historia donada por Laura Cacabelos

Sinopsis:

Laura dona su historia en primera persona, con la valentía de quien ha tenido que aprender a vivir dentro de un cuerpo que ya no responde como antes, pero también con la fuerza de quien se niega a rendirse.

Durante años, el deporte fue su casa, su refugio y su manera de estar en el mundo. Desde la gimnasia rítmica hasta el cheerleading, Laura construyó una vida alrededor del movimiento, la disciplina y la pasión por acompañar a otras personas a crecer. Pero la pandemia detuvo su cuerpo en seco y, con ese parón, empezaron a aparecer dolores, señales y límites que nadie sabía explicar. Hasta que llegó un diagnóstico: fibromialgia.

Esta es la historia de una enfermedad invisible, pero también de todo lo que no se ve cuando alguien “parece estar bien”: el cansancio, el dolor, la incomprensión, los comentarios que hieren y la necesidad de seguir adelante incluso cuando el cuerpo pide parar.

Laura no comparte su testimonio para despertar lástima, sino para pedir algo mucho más necesario: comprensión. En su camino también aparecen la maternidad, la necesidad de reinventarse, sus abuelas como referentes de fuerza, la actitud aprendida en el deporte y una frase que lleva tatuada como recordatorio: no llueve eternamente.

Una historia íntima y necesaria sobre las enfermedades raras e invisibles, esas que no siempre se notan por fuera, pero que transforman la vida por dentro.

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Es triste sentirse mal y escuchar: «pero si estás enferma por qué haces esto o lo otro, es difícil creerte…yo te veo bien, tú no tienes nada.»  Pero nadie sabe la lucha interna que hay dentro de mí, lo que mi cuerpo tiene que soportar cada día siendo otra que nunca fui, la fortaleza que debo tener para salir adelante aunque no tienes ni fuerzas ni ganas de nada.

Vivir cada día se convierte solo en sobrevivir como se pueda sin poder disfrutar de lo que tienes a tu alrededor siquiera.

Llevo años sufriendo, y notando una cantidad de cambios en mí, sin lógica ni un motivo que justifique lo que me pasa. Mi cuerpo se quejaba, sufría  y era testigo de cada plan que tenía que anular porque en unos segundos mi cuerpo había cambiado y no podía responder, mi estado de ánimo tenía el poder de mandar un dolor progresivo de repente simplemente por una mala noticia o una tristeza momentánea.

Y llega ese día que no has esperado ni imaginado jamás… llega el momento en el que te dicen «LO QUE TIENES»… y en ese instante hay dos sentimientos que te recorren el cuerpo:

Uno es el de que por fin hay una respuesta a tu locura y otro que ya puedes mirarle a la cara y maldecir como nunca y preguntarte cómo enfrento y vivo con ello cada día.

Porque todos los días tienes una batalla que ganar. El ánimo, el querer estar acostada, que te receten medicamentos y estos se conviertan en lo más fiel que tendrás a tu lado para estar mejor.  Aguantar esas cosas que te afectan tanto que hacen que la gente te llame exagerada: los olores fuertes, las luces intensas, el ruido excesivo…

Y después los cientos de comentarios,

  • «¿¿Por qué has cambiado de peso así??
  • «Uy!! ese pelo lo tienes horrible”
  • “Anda ¿y esas ojeras? No las tenías antes”.

 Cansada de que me digan,

  • “¿Pero has ido al médico?”
  • “¿Has probado esto?”
  • “Porque lo que dices no está demostrado, a mí también me duele la espalda”
  • “Eso se arregla en el fisio”
  • “Seguro que no tienes lo que te han dicho”

¡¡¡¡¡Por desgracia las enfermedades silenciosas e invisibles o que no están “demostradas” sí existen!!!!!

Con una enfermedad invisible, es difícil luchar con la gente, y nadie es capaz de entenderlo si no lo vives y por eso muchas veces la gente no se da cuenta y no tiene ningún respeto.

Una siesta no me curará pero si me ayudará y mucho, estar tumbada es lo que me pide el cuerpo desde hace mucho, pero eso hace que me llamen vaga, que no quiero levantarme a hacer nada, que me dejo…

 ¡¡Simplemente es que mi cuerpo no puede!!

A muchos no les gusta que los «enfermos» durmamos tanto o simplemente estemos tumbados. No soy perezosa, nunca lo fui, era una persona que no paraba quieta, que siempre subía las escaleras de 2 en 2, que iba corriendo aunque no tuviera prisa y que se subía a los sitios más raros para saltar y hacerse la mejor foto. Jamás me echaba la siesta. Era una deportista nata.

Pero he tenido que cambiar rutinas, cambiar muchos hábitos de cosas que antes me apasionaban y ahora no puedo hacer. Lucho con ese dolor al igual que  también con los problemas que esto me ocasiona e intento llevar una vida lo más normal posible junto a las críticas o comentarios de mi entorno que se suman casi a diario. Tengo una vida que no pedí y que tampoco tenía antes, son luchas que no me corresponden pero que me han tocado a mí.

Y lucho desde luego por sonreír a la vida cada mañana.

Pero no me digas: «no puede ser tan malo; te veo bien» porque antes podía levantarme de una silla de un brinco y sola, ahora muchas veces tengo que apoyarme y disimular.  «Claro que se me ve bien» intento verme bien siempre con esta enfermedad «Invisible».

Ojalá la gente entendiera que esta enfermedad afecta física, mental y emocionalmente. Necesito apoyo, NO QUE ME JUZGUÉIS. Si me caigo, quizá no necesito que me levantes, sino que te tires al suelo conmigo hasta que yo tenga fuerzas, ganas y ánimo para levantarme. Porque las enfermedades raras, NO SE VEN, SE SIENTEN. Y están ahí. Atacando silenciosa, pero dolorosamente.

Una situación así en tu vida requiere de una decisión rotunda y contundente, ya sea una enfermedad, un cambio de trabajo, el fin de una relación… cualquier situación extrema que cambia tu vida de una manera drástica. La gran verdad es que TÚ puedes elegir que harás a partir de ese momento: luchar o rendirte. Es difícil, sí… pero de ello dependerá la calidad de tu vida y tu felicidad.

YO ELEGI LUCHAR (elegí jugar para ganar, como cuenta Maribel Martínez de Murguía en su libro “Los 4 juegos”) ¿Por qué? Porque en mi vida tuve dos grandes figuras, dos heroínas que siempre he admirado y para mí son y serán mi referente siempre: mis abuelas. Dos mujeres que, contra viento y marea, sacaron a sus familias adelante sin apenas medios ni estudios, viviendo momentos muy duros en aldeas donde apenas había para comer después de la guerra civil. Cuando yo empecé a conocer estas historias sobre ellas y lo que habían vivido me enamoré al ver como habían luchado, sacado sus hijos adelante y la vida que habían llegado a conseguir. Mujeres que apenas tenían, pero lo daban todo por los suyos, siempre felices y con una sonrisa enternecedora.

Ellas fueron mi referente, sin duda, para pelear en esta vida e intentar buscar esa gran felicidad dentro de mi realidad cada día.

Gracias.

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