Historia donada por Andrés Valencia Forero
Sinopsis:
Andrés Valencia salió de Bogotá pensando en un intercambio de unos meses y terminó construyendo una vida entre España, Inglaterra y Colombia. Músico, productor y podcaster, su historia ganadora no solo está en haber sabido reinventarse, sino en haber ido desvelando una pregunta a lo largo de su experiencia: ¿Cómo crear espacios para la transformación social a través de la música?
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Andrés Valencia llegó a España en el año 2000 casi por casualidad. Cursaba música e ingeniería de sonido en la Universidad Javeriana de Bogotá, soñaba con hacer un intercambio en Australia. Esta posibilidad se truncó pero apareció una oportunidad para estudiar en España, decisión respaldada por sus padres. Con poco más de 20 años, se subió a un avión pensando que venía solo por cuatro meses. Aquella decisión le cambió la vida.
Valencia (España) le sentó bien desde el comienzo, se sintió como en casa. Allí vivió su etapa estudiantil; en Madrid empezó a trabajar, a abrirse camino. Primero llegaron empleos ligados al ámbito cultural y comercial. Después, la música fue ocupando protagonismo. Terminó la carrera en remoto gracias al apoyo de su universidad y fue avanzando con una mezcla muy suya de intuición, trabajo y valentía: dejarse llevar por las oportunidades sin perder de vista el centro de su vocación.
Durante años compaginó trabajos que le daban sustento con una vida creativa: docente de inglés, tecnología audiovisual, composición, noches de ensayo y conciertos. En 2005 creó junto a un gran amigo ¨Songó¨, banda de funk latino, la cual fue invitada a actuar en la serie “Sin Tetas No Hay Paraíso” (Telecinco) y cuya música fue incluida en la banda sonora original publicada por Sony, compartiendo espacio con artistas de enorme proyección. Para un músico que no buscaba la fama, sino vivir de lo suyo, aquello fue una confirmación importante: el camino era difícil, sin embargo no imposible.
Como ocurre tantas veces en las trayectorias creativas, después de un gran impulso llegan etapas de incertidumbre y quietud. Parecía que se desvanecía un sueño tras la crisis económica del 2008 en España. Andrés lo cuenta sin dramatismo, pero sin maquillarlo. Y quizá ahí está una de las claves de su historia: no idealiza nada. Cuando sintió que necesitaba volver a apostar por su formación, renunció a su trabajo y marchó a Inglaterra a estudiar un máster en producción musical. Fue una decisión arriesgada sin embargo fiel a sí mismo.
Allí apareció una de esas conexiones importantes que cambian el rumbo de las trayectorias. Antes de instalarse, contactó con varias personas y acabó conociendo a un creativo de origen irlandés vinculado al mundo de los videojuegos. Aquella relación derivó en amistad y en una oportunidad laboral que le permitió trabajar componiendo música para esa industria algunos años. Fue una de esas ayudas que recuerdan que, a veces, avanzar también consiste en aceptar la confianza que otros te brindan. En Inglaterra también entendió algo fundamental: que la vida no se sostiene solo con logros. El crecimiento profesional no compensaba las largas temporadas de lluvia y soledad.
Todo su bagaje, personal y profesional volvió a cobrar sentido en 2017, cuando la firma del acuerdo de paz en Colombia lo conmovió hasta hacerle tomar una nueva gran decisión: volver a su raíz. Después de 17 años sintió que había llegado el momento de regresar con todo lo aprendido y contribuir en ese momento clave a su país: empleando la música y la comunicación como herramientas de transformación social. El primer año fue duro, sin embargo una vez más, hizo lo que mejor sabe hacer: conectar.
A partir de allí nació Flow Resonante, un podcast desde el que empezó a conversar con personas de distintos ámbitos sobre creatividad, innovación social y construcción de paz.
Ese proyecto terminó abriéndole una puerta decisiva: el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), dentro del marco del posconflicto colombiano, contó con él (y su equipo) para diseñar e impartir espacios de escucha activa, empatía y trabajo colaborativo a líderes comunitarios en distintos territorios, siempre desde la perspectiva de la música y del camino que Colombia estaba buscando hacia la paz.
Fue una experiencia y un aprendizaje fundamental. En medio de toda esta travesía conoció a su esposa y compañera de viaje con quien construye un propósito de vida conjunto. Hoy vive de nuevo en Madrid, trabaja para Crambo, empresa de tecnología audiovisual, patrocinadora del Comité Olímpico Español, mientras sigue consolidando bandas sonoras (y premios) para medios audiovisuales junto a su socio del proyecto Aural.
Su historia ganadora es la de un hombre que supo cruzar cada puerta inesperada con valentía, incluso cuando el camino obligaba a empezar de nuevo. También la de alguien que ha hecho de los vínculos reales, honestos y de confianza una parte esencial de su recorrido. Porque en Andrés la música no es solo creación: es propósito. Es la forma que ha encontrado de unir talento y sentido, de tender puentes entre las personas y de recordar que el arte, cuando nace de un lugar verdadero, también puede acompañar, conectar y transformar el mundo.
Acá puedes escuchar el podcast El Flow Resonante en varias plataformas
Desde 2016 Andrés desarrolla espacios de music thinking (pensamiento musical) para diferentes entidades y organismos ofreciendo experiencias que buscan fortalecer las habilidades blandas.

qué historia tan interesante, me ha hecho pensar mucho en la importancia de no olvidar el propósito que cada uno tenemos. Además, no conocía estos proyectos, así que esta historia me deja aprendizaje y el descubrir esos espacios.
Ha sido un placer leerla.
Es una historia preciosa Andrés, donde queda claro el tema del propósito y la propia identidad. Seguro que inspira a mucha gente que tiene clara su vocación pero a quienes las dificultades de la vida pueden llegar a presentarles dudas o impotencia. Gracias por donar!!