Sinopsis:
Una mañana perfectamente planificada se desordena cuando Jesús comparte mesa con Luis, un “nómada urbano” que solo busca descansar. La reacción del dueño de la cafetería lo empuja a elegir: seguir la agenda o sostener la humanidad del momento. Entre cafés, un bocadillo de jamón dulce y una conversación sin etiquetas, descubre que lo importante no siempre se agenda ni se factura: a veces te encuentra. Ese día vuelve a casa con una visita menos, pero con el “Sí” lleno y una lección simple y poderosa: mirar, valorar… y querer.
5 de febrero. 8:00 am. Un bar en la Rambla de Tarragona.
Mi ritual de siempre: café solo, agenda abierta y planificar el día. A las 10:00 tenía una visita importante. De esas que cuentan.
Mientras saboreaba ese primer café, ese que te ordena por dentro, escuché una voz; educada, suave, casi tímida. Me preguntaba si me importaba que se sentara en la mesa de al lado porque estaba cansado y necesitaba recuperar fuerzas.
Me giré y me encontré a un nómada urbano (normalmente se les conoce como indigentes), desaliñado por fuera, correcto por dentro y guardando distancia para no incomodar.
Le dije que … Claro que sí, que se sentara y descansara. Que el día es largo para todos.
No habían pasado ni dos minutos cuando salió el dueño del bar.
Gestos tensos, palabras afiladas y diciendo de forma poco agradable que «este sitio es para clientes, que se levantara y se fuera por donde había venido»
Ahí entendí que el café iba a cambiar de sabor.
Con calma. Sin elevar el tono, le expliqué al dueño del bar que era mi amigo Luis y que, por favor, le trajera un café… y un bocadillo.
Miré a Luis. Con esa humildad que solo tienen quienes han aprendido a vivir con poco, me preguntó: ¿Puede ser de jamón dulce?
Café. Bocadillo de jamón dulce. Y adiós a la agenda!
Treinta minutos, dos cafés más, una conversación agradable, sin filtros, sin etiquetas y sin prisas. Interesante, profunda y humana.
Al terminar, pagué. Me disculpé con el dueño por si en algún momento se había sentido incómodo y le recordé algo que olvidamos frecuentemente: Que la vida da muchas vueltas y que no todos empezamos desde la misma línea de salida.
Después mi amigo Luís y yo caminamos por la Rambla, hablando y riendo incluso.
Cuando nos despedimos eran las 10:30. Mi visita de las 10:00 tendría que esperar a otro día.
Pero entendí algo: A veces, lo verdaderamente importante no está en la agenda, no se factura, no se planifica. Te encuentra.
Y ese día me encontró a mí. Porque durante treinta minutos me regalé algo que no siempre practico:
- Romper moldes. No suponer. Conocer. Relativizar. Crecer.
- Valorar, sobre todo valorar, lo que tengo, lo que comparto y lo que soy.
- Y practicar una palabra que no está demasiado de moda… querer.
13:00 pm. Tarragona.
Vuelvo a casa sin cerrar ninguna venta. Pero con el @SI lleno.
Y esperando volver a cruzarme, cualquier mañana de estas, con mi amigo Luis.
Historia donada por Jesús Mazo
