{"id":1517,"date":"2026-02-17T17:35:34","date_gmt":"2026-02-17T16:35:34","guid":{"rendered":"https:\/\/silovers.com\/?p=1517"},"modified":"2026-09-10T10:26:40","modified_gmt":"2026-09-10T09:26:40","slug":"resistir-tambien-era-parte-de-la-tesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/silovers.com\/index.php\/2026\/02\/17\/resistir-tambien-era-parte-de-la-tesis\/","title":{"rendered":"Resistir tambi\u00e9n era parte de la tesis"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Sinopsis:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Viqui no buscaba un doctorado. Buscaba entender el cansancio invisible de los m\u00e9dicos residentes que ve\u00eda cada d\u00eda en el hospital. Lo que encontr\u00f3 fue algo m\u00e1s dif\u00edcil: una traves\u00eda de ocho a\u00f1os en la que tuvo que aprender a sostener un proyecto, una relaci\u00f3n compleja y, sobre todo, a s\u00ed misma. Esta es una historia sobre la exigencia, la empat\u00eda y el instante exacto en el que comprender al otro no puede significar olvidarte de ti.<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Viqui nunca so\u00f1\u00f3 con hacer un doctorado<\/strong>. Era m\u00e9dica, acostumbrada a consultas, guardias y pasillos de hospital, a escuchar a un paciente y a sostener historias ajenas sin tiempo para procesar las propias. Lleg\u00f3 a la tesis casi sin darse cuenta, en 2017, cuando en medio de un cambio laboral empez\u00f3 a interesarse por la salud mental de los m\u00e9dicos residentes, porque lo ve\u00eda cada d\u00eda en el hospital, en las miradas cansadas, en las bromas que esconden miedo, en ese \u201cestoy bien\u201d que suena a alarma. Fue entonces cuando una psiquiatra, rigurosa y brillante, le dijo que aquel trabajo pod\u00eda convertirse en una tesis doctoral y que ella la acompa\u00f1ar\u00eda. Viqui dud\u00f3. Mucho. Nunca se hab\u00eda visto como investigadora, pero&nbsp;<strong>acept\u00f3 con esa mezcla de curiosidad y responsabilidad que tienen quienes cuidan<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los primeros a\u00f1os fueron casi luminosos: entrevistas, datos, ilusi\u00f3n, la sensaci\u00f3n de que el conocimiento pod\u00eda servir para proteger a otros, a quienes empezaban en la medicina sin saber todav\u00eda cu\u00e1nto se desgasta el cuerpo cuando se vive a base de turnos. Ella hac\u00eda la parte m\u00e1s cercana, la de recopilar datos y trabajar con los residentes, mientras la tesis avanzaba al ritmo de su vida profesional y familiar. Hasta que lleg\u00f3 la pandemia. Y lo arras\u00f3 todo. Durante tres a\u00f1os, Viqui vivi\u00f3 pr\u00e1cticamente para luchar contra el coronavirus. Guardias. Urgencias. Miedo. Agotamiento.&nbsp;<strong>El hospital como una batalla diaria<\/strong>. La tesis qued\u00f3 apartada, como se apartan las cosas que un d\u00eda fueron importantes, pero de pronto no caben ni en el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando la emergencia se calm\u00f3, Viqui estaba exhausta y lo \u00faltimo que deseaba era retomar aquel camino. Pero la psiquiatra insisti\u00f3. Y Viqui volvi\u00f3. Ah\u00ed empez\u00f3 lo verdaderamente dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque un doctorado no es infinito, aunque la perfecci\u00f3n a veces lo parezca. En teor\u00eda dura cinco a\u00f1os, con dos de ampliaci\u00f3n y, en casos excepcionales, uno m\u00e1s, hasta un m\u00e1ximo de ocho. Y el problema es que una tesis siempre puede mejorarse, pero el calendario no negocia. Cuando empez\u00f3 la fase de an\u00e1lisis y escritura, la relaci\u00f3n se volvi\u00f3 m\u00e1s exigente: la directora era meticulosa y exigente hasta el extremo, y donde otros ve\u00edan \u201csuficiente\u201d, ella ve\u00eda margen de mejora; cada documento volv\u00eda con marcas, notas y correcciones, y una frase se revisaba diez veces porque \u201ctodav\u00eda pod\u00eda estar mejor\u201d. Diez veces. A veces m\u00e1s. Hab\u00eda noches en las que el detalle se convert\u00eda en un laberinto: una coma, un adjetivo, una tabla, una referencia. Y vuelta a empezar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era solo trabajo. Era desgaste. Viqui sosten\u00eda su trabajo, su equipo, su familia. Y la tesis. Los archivos iban y ven\u00edan en versiones interminables, sin nube ni documentos compartidos, con ese \u201cnueva versi\u00f3n\u201d que promet\u00eda cerrar y en realidad abr\u00eda otra puerta. Empez\u00f3 a pagar un precio que no figura en ning\u00fan programa acad\u00e9mico: insomnio, nervios, la sensaci\u00f3n de no llegar a nada, hasta el punto de medicarse para dormir mientras estudiaba precisamente el estr\u00e9s ajeno. Qu\u00e9 iron\u00eda. Qu\u00e9 dolor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La directora se jubil\u00f3, y aunque sigui\u00f3 al frente de la tesis, entr\u00f3 un segundo director que aport\u00f3 otra mirada y cierto equilibrio.&nbsp;<strong>Hubo momentos en los que Viqui pens\u00f3 en abandonar<\/strong>. De verdad. Pero algo en ella \u2014una mezcla de paciencia, compromiso y empat\u00eda\u2014 la mantuvo dentro, quiz\u00e1 porque intu\u00eda que aquella mujer no quer\u00eda hacerle da\u00f1o, sino hacer el trabajo impecable, y que su exigencia obsesiva era tambi\u00e9n su forma torpe de cuidar. A veces gritaba. A veces se cerraba. A veces no ve\u00eda el l\u00edmite. Pero tampoco era indiferencia. Era algo m\u00e1s complejo, m\u00e1s humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ocho a\u00f1os, el m\u00e1ximo posible. Ocho a\u00f1os de tensiones, silencios y complicidades. Ocho a\u00f1os en los que Viqui aprendi\u00f3 a decir \u201cno\u201d y a poner l\u00edmites. Hasta que lleg\u00f3 el momento en que, contra la opini\u00f3n de la directora, dijo: \u201cse entrega\u201d. Porque entendi\u00f3 que&nbsp;<strong>hay proyectos que no se terminan por perfecci\u00f3n, sino por valent\u00eda<\/strong>, y que, si no lo cerraba ya, nadie lo har\u00eda por ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El d\u00eda de la defensa, mientras todo el mundo le ped\u00eda calma, el \u00faltimo mensaje de la psiquiatra fue una sugerencia t\u00e9cnica: \u201creordena dos diapositivas\u201d. Viqui sonri\u00f3. No cambi\u00f3 nada. Defendi\u00f3 su trabajo.&nbsp;<strong>Sobresaliente cum laude<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final, su directora se despidi\u00f3 con palabras sinceras y sencillas y con un \u201cte quiero mucho\u201d. Y Viqui sinti\u00f3 algo que no era ni gratitud ni reproche, sino una verdad mucho m\u00e1s compleja: hab\u00edan recorrido juntas un camino tremendamente dif\u00edcil, s\u00ed, pero valioso. Hoy entiende que el doctorado, siendo importante, no fue lo \u00fanico. El verdadero logro fue aprender a decir no sin dejar de comprender, atravesar una relaci\u00f3n exigente sin perder la empat\u00eda y descubrir que&nbsp;<strong>hay victorias que no se celebran con t\u00edtulos, sino con algo mucho m\u00e1s profundo: seguir siendo t\u00fa despu\u00e9s de haber estado a punto de romperte.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Historia donada por Vict\u00f2ria Oliv\u00e9<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sinopsis: Viqui no buscaba un doctorado. Buscaba entender el cansancio invisible de los m\u00e9dicos residentes que ve\u00eda cada d\u00eda en el hospital. Lo que encontr\u00f3 fue algo m\u00e1s dif\u00edcil: una traves\u00eda de ocho a\u00f1os en la que tuvo que aprender a sostener un proyecto, una relaci\u00f3n compleja y, sobre todo, a s\u00ed misma. 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